Poesías policiales

Un policía del interior (fragmento)
Of Principal Daniel D. Desplats, UR9 Río Cuarto

Aparecía suave y lento en la mañana
Traía entre sus manos
La esperanza de encontrarse envuelto de
Computadoras y métodos científicos
Que pudieran ser más fuertes
Los controles del orden
Que tanto sorprendían.

Llegaba con una imagen clara
De lo que debía ser policía,
Rogando porque sus tropas
Encontraran la cabida,
Noble y desinteresada,
En la gente que él quería
Y lo había rechazado.

Porque era ignorante e inculto,
Bruto y desaprensivo
(decían…)
Por verlo tan solo rabiar
En los partidos de futbol
O en la kermes del pueblo,
Cuando parecía la gente
Olvidarse de ese hombre
Tenía misión del orden.

Pero la humildad estaba en él,
Un poco por costumbre,
Otra por su estructura
Que supo llevar su familia
Desde aquel lejano tiempo,
Quizás,
En que su mente no sentía
O no podía escuchar
Lo bello de ser policía
Informe policial
Carlitos Mona Jiménez

Ella se fue una mañana.
Salió como todos los días
a las ocho hacia el colegio
donde a clase asistía.

A la una de la tarde,
al ver que no regresaba,
fue a buscarla esperando,
en el camino encontrarla.

No ha venido hoy a la escuela,
la maestra le decía.
Daba vuelta su cabeza,
su cuerpo no respondía.

Salió corriendo a buscarla.
Tal vez ha llegado a casa.
Han pasado cuatro días.
Nadie a podido encontrarla.

Suena el timbre al quinto día.
Alguien dice tras la puerta:
“Hemos encontrado un cuerpo.
Debe usted reconocerla.”

Corrió con todas sus fuerzas,
cruzó las calles a ciegas
y en la morgue vio a su hija
en una camilla muerta.

Quién le puede explicar,
quien le va a devolver
la vida de su hija.
Qué cobarde es aquel.
Cómo puede tener
la conciencia tranquila.

El informe policial
dice rapto y muerte.
Qué dolor y qué injusticia.
Cuánto odio de repente.

Ay su bebe, su ternura.
Quién pudiera hacerle daño.
Ojalá que los encuentren.
Tenía apenas nueve años.

Resucítala Señor,
no la lleves de ese modo.
Era su ángel, su universo,
su locura, lo era todo.

Su muñeca preferida
y su conejito la esperan.
Extrañarán su caricias,
no dormirán más con ella.

Llora el cuarto grado B.
Todo el cuarto grado llora.
Mis palomitas de luto
por una hermanita paloma.

Su guardapolvito blanco
y su banco ahora vacío
la esperan todos los días,
no creen que te hayas ido.
El federal
Carlitos Mona Jiménez

Él era un federal.
Chapa en mano combatía el mal.
Sólo una marca en el pasado:
su propio hijo había abandonado.

Era un chico de la calle
que haciendo changas mantenía a su madre.
Y en la flor de su inocencia
Tuvo romance con la delincuencia.

Él era un federal
que, estando de turno en la seccional,
escuchó la voz de alarma
y de inmediato acudió con su arma.

Ese hijo abandonado
nadaba en mares de droga y pecado.
De profesión delincuente
y también estaba armado hasta los dientes.

Y pasó, pasó, pasó
lo que tuvo que pasar.
Se enfrentaron padre e hijo
en un procedimiento policial.

Se miraron frente a frente.
En sus ojos había fuego.
Una ráfaga en la noche.
Un chico delincuente cae muerto al suelo.

Pero mira, mira, mira
qué ironía.
Un hijo ladrón de un padre policía.
Son las cosas que duelen y tiene la vida.
La rueda del destino gira que gira.
Acompáñeme Civil
Juan Luis Guerra

Bajaba la Tiradentes
en mi carro rumbo al mar.
De pronto un faro intermitente
me hizo señas de parar.
Mi licencia de conducir
me pidió con ojo febril.
Qué se le va a hacer.

Tomó en sus manos mil papeles,
burocracia elemental.
Total que para nada sirve
mi Registro Electoral.
Su licencia de conducir,
me dijo,
ha vencido en el mes de Abril.

Acompáñeme, civil
al destacamento
o resuelva desde aquí
cómpreme el silencio
y olvídese de mí.

Diga sus palabras